viernes, 3 de junio de 2011

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esta imagen está siendo borrada y nadie podrá salvarnos.

ya los pájaros no se saben. se extinguen los vuelos. las carpas olvidan cómo nadar. los loros no repiten.

está cayendo un sueño del cielo y alguien será decapitado. agacha la cabeza. vienen a por tí, tal y como soñaste. escóndete en el acero. en la hierba. en el agua. sabes cómo mantenerte a flote.

recítame los versos que olvidaste en el aguacero. los paraguas que recogiste del suelo, refúgiate en el asidero de todas tus trampas. sé libre pero sé fiel a tu libertad. ante todo, no digas que fue un accidente, porque sabes que no es cierto.

esta imagen está siendo secuestrada por espadas de hielo antes de derretirse. lo saben las lunas que las parieron. madre tibia que tiembla, que ríe, que zozobra al fin, esperando una señal de otro sol, de otra sangre. otra tierra para enterrarse despierta, debajo de todos los miedos y tú al lado del hambre, sedienta y con ojos más abiertos que todos los martes en los que no estuviste.


esta imagen ha sido borrada y nadie podrá perdonarnos. nadie a salvo. nadie sin filos. ya nadie sin labios que arden. ya nadie sin nadie y todos cayendo en el aire.

sábado, 28 de mayo de 2011

Naturaleza militar

Ella aprendió a respirar tan fuerte como los árboles. Su corazón ya no daba sombra.
Pasaba las páginas de libros llenos de brigadistas rusos. Le emocionaban los uniformes.

Una vez tuvo un pensamiento hermoso. Lo sirvió para la cena. Encendió velas y abrió una botella de vino. Me vinieron a la cabeza grandes palabras. No las pronuncié.

Desfilamos para luego romper filas. Yo, a un lado. Tú, simulando fusilarme. Caigo. Me has dado. No, no sirve. Otra toma. Y otra.

Los paracaidistas caen del cielo. No ha llovido en años. Ahora toman la tierra y patrocinan el misterio. Lo venden al alza. Se ha quedado rota la playa. La recomponen. Luego saltan. Los devuelven al cielo. Llueven al revés. Les decimos adiós con la mano y nuestros agujeros se unen, emocionados, al desconcierto.

viernes, 20 de mayo de 2011

Rough day at the Orifice

La grapadora me atacó
Provocando heridas en acné y cuero cabelludo
La fotocopia empezó a escupir fotos de gordas en traje de baño
Leopardo y vinilo
Texturas nada naturales pero nada hidrosolubles
Mi silla giró 360 grados hasta conducirme al rostro extasiado
Del operario de control
Que en ese momento hacía que dos aviones se dieran un beso en pleno vuelo
Y también el fax y la máquina expendedora de chicles y el secador del baño
Todo en plan maximum overdrive
Se dedicaron a funcionar con un ritmo monótono, tribal, mayestático
Y tremendamente post-avantgarde
Pepa dijo: creo que tenemos un problema en nuestras feromonas
Y se lanzó contra el cristal
Carolina dijo: creo que voy a volver a estudiar
Y clavó el puntero de su pda en su ojo derecho
Pablito dijo: he encontrado un glitch debajo de mi lengua
Y ME LANZO SU SANDWICH A MI CABEZA
¡Repoblación en el sector 1!
Todos los Nerds y todos los noobs bailan al ritmo de ANTOFAGASTA
Nadando con una erección en Viernes, y otras baladas
Mientras alguien encuentra una nómina en la boca
Del operario exiliado dentro de la salita de café
UNA MÁS Y NO MÁS
Somos redirigidos y los antecedentes se adelantan
Tengo un plus para volar en tu email
Tengo doscientos métodos distintos de encender la trituradora
Una es utilizando tu lengua como palanca
Otra es dándole golpes a la limpiadora
Hasta que saque su fregona fuera del país
FOTOS DE UNA COCINA NUEVA EN EL IPHONE DE JUAN
Una masa informe de carne y spam se avalanza
Nos arrojamos delante de su escritorio
Suplicando y rogando
UNA MIRADITA MÁS, UNA MIRADITA MÁS
Pero se encoge y desiste
Tira del pelo a Marta
Hasta que escupe la transferencia al suelo
Ya tiene hueco en las encías para preguntar:
¿Alguien sabe dónde está mi puta grapadora?
NO FUNCIONABA
Grita Pablito, mientras la arranca de mi cabeza
ANTES UN SANDWICH Y AHORA ESTO
¡Medida disciplinar, por Dios, Inspección del Jefe Regional YA!!!
I never thought I would say those words

Rites of passage

Parece más fácil salir que entrar. Es un agujero minúsculo. Algo por lo que merece la pena convertirse en aguja.

Aparentas mucha más edad.

El viejo silbó la canción que creía olvidada. Le dio aire y labios agrietados. Sonó dulce.

Parece más fácil salir que entrar, dijiste.

No señalaste ningún sitio en particular.

domingo, 10 de abril de 2011

Departamento (Spleen II)

Los cadáveres se apilan en la sala de juntas. La máquina de café no funciona y todos rompen a llorar. Hay una pobre mujer que ha llamado setenta veces hoy a atención al usuario. No sabe que toda la plantilla del departamento se está pudriendo en la sala de control de calidad.
Y todos saben. Y todos huyen. Y todos aparcan. Y todos fuman. Y algunos me hablan.
Hoy, un 91%. ¿Y tú?
Miro a otro lado. El fax hace un ruido interesante.
La tarde se presenta perenne con leves apuntes de barniz caoba en su parte septentrional. Los microondas del comedor común desprenden un olor indescriptible. El mobiliario funcional y gris es fregado por una mujer mayor y gorda vestida con un horrible uniforme verde hospital. Se diría que la suciedad en este edificio es una enfermedad. Los colores también lo son. Todos vestimos de negro o de gris o de marrón o de azul oscuro o de todos estos colores combinados con preciso gusto.
A las seis y veintitrés de la tarde la luz cae perfectamente horizontal en el campo de futbito que se encuentra justo al lado de la estación de metro de Fuencarral. Si el cielo es claro, es 28 de Febrero del 2008 y acabas de salir del trabajo, el espectáculo es perturbador. Los árboles plantados por funcionarios del ayuntamiento asemejan bosques románticos y los edificios brillan de manera fulgurante. Hay silencio, el viento mece las ramas, y piensas en escribir una oda a un pedazo de hormigón en el que nadie juega al fútbol, cementerio de rodillas sangrantes, altavoz de goles infantiles, vertedero de las miradas de trabajadores modernos en temporada baja.

Spleen

Tengo un cepillo Colgate Clásico Medio 360 grados. Es el mejor cepillo que jamás haya tenido. Tiene filamentos interdentales y punta limpiadora, así como limpiador de lengua y mejilla, lo cual ayuda a eliminar las bacterias que causan el mal aliento. Además sus puntas abrillantadoras eliminan delicadamente las manchas de mis dientes. Trae incorporada una tapa transparente para tapar el cepillo. Su diseño es atractivo y se acomoda fácilmente a mis dedos y a mi boca.
Mi pasta dentrífica preferida es Sensodyne Pro-Esmalte. Lo fabrica la gigante farmacéutica Glaxo Smith Kline. Tiene un agradable sabor a menta y desde que la uso mi sensibilidad dental ha disminuido ostensiblemente. Con el uso continuado de esta pasta consigo reducir los efectos de erosión dental que me producen los ácidos de las comidas.
Una vez he depositado la dosis justa de pasta dentrífica Sensodyne Pro-Esmalte en mi cepillo Colgate Clásico Medio 360 grados, procedo a mi diario cepillado matinal.
Primero, inclino mi cepillo unos 45 grados contra los dientes y deslizo el cepillo hacia afuera de las encías. Después, cepillo cuidadosamente la parte de afuera, de adentro y la superficie con la que mastico de cada diente, usando brochazos de ida y vuelta. Limpio la superficie externa de los dientes superiores, luego los inferiores, y sigo con la superficie interna de los dientes superiores e inferiores. Limpio la parte de los dientes con la que mastico. También cepillo mi lengua y la cara interna de mis mejillas, para asegurarme un aliento fresco y duradero.
No tardo más de dos minutos en cepillarme los dientes. Un menor intervalo de tiempo reduciría la eficacia del cepillado y un excesivo cepillado debilitaría el esmalte de mis dientes, haciendo que la encía se baje dejando al descubierto parte de la raíz del diente, provocando una alta sensibilidad dental ante comidas ácidas o bebidas demasiado frías.
Mientras cepillo mis dientes, cada mañana, observo la hilera de botes de colonia, tarritos y cremas que descansan en la parte inferior del espejo en el cual me observo ocasionalmente. Son de distintos tamaños, formas y colores. Mi vista se desliza de izquierda a derecha sobre todos estos tarros y botes, dándole a mi cepillado matinal un agradable paisaje en el cual perderse mientras me someto a la imprescindible rutina diaria de la higiene personal.

domingo, 13 de marzo de 2011

Teoría feminista de la imagen




Al director Robert Iannakis se le ocurrió la siguiente idea: rodar una película enteramente con actores porno. En el film no habría ni una sola escena de sexo. Es más, sería una película intimista, centrada en la soledad, la depresión y la incomunicación. Todos los actores y actrices a los que les propuso la idea aceptaron en el acto; todos estaban deseosos de demostrar sus virtudes como auténticos intérpretes y escapar de la tediosa rutina del cine porno.
Robert Iannakis era un director norteamericano que empezaba a despuntar en la escena independiente con dos películas en su haber: Caligrafía e Indemne, ambas rodadas con un bajo presupuesto y premiadas en varios festivales con excelentes críticas. No tuvo problemas a la hora de conseguir productores y subvenciones. Todos esperaban lo mejor de él.
El protagonista de la película sería Rambo Tamolta, un actor italo-americano que en apenas dos años, y con cerca ya de cien películas en su haber, empezaba a hacerse un nombre en la escena porno. En sus películas siempre mostraba una especial sensibilidad en las raras ocasiones en las que tenía que interpretar algo parecido a un papel: un fontanero que acudía a un domicilio a reparar una avería, un veraneante de ligue en una discoteca, un dependiente de tienda de moda que se encierra en los probadores con sus clientas. En todos esos papeles Rambo Tamolta demostraba una elegancia y una profundidad que era contrarrestada de inmediato con sus escenas de sexo, salvajes y mecánicas a la vez.
En el primer día de rodaje Robert eligió comenzar con una escena melodramática y triste: Rambo, en el papel de Alejandro, hijo pródigo, tenía que visitar a su madre enferma de alzheimer en una residencia. Su madre, en un principio, no le reconocería, y procedería a ignorarle de forma sistemática. Después de varios intentos por parte de Rambo de entablar una conversación su madre entraría en fase de cólera y le gritaría que se fuera de la habitación. Al girarse Alejandro-Rambo hacia la puerta la madre recordaría por un momento que aquella persona era su hijo, y correría a abrazarle por la espalda. Después ambos se sentarían en la cama y hablarían durante largo rato, intentando Rambo con tierna desesperación que el momento de lucidez de su madre no desapareciese súbitamente. Todo estaba yendo tal y como habían planeado, el rostro de Rambo reflejaba convenientemente el dolor y la confusión que le producían la visión de una persona tan querida en tal deplorable estado para después iluminarse tras el momento de reconocimiento y lucidez. Fue precisamente en esa conversación en la cama cuando algo empezó a ir mal. Su madre le hablaba del caballo que montaba cuando era joven, en un idílico paraje provenzal en el que había pasado su infancia y adolescencia, un coqueto pueblecito en la Provenza italiana. Bien, Rambo se levantó de la cama y se sacó la polla. Empezó a masturbarse delante del rostro alucinado de su madre. Robert indicó al cámara, que se había girado inmediatamente hacia él, que no parase de rodar. Su madre, una veterana actriz con muchas tablas en teatro, siguió hablando mientras Rambo seguía atentamente su narración, de pie, con su verga de 23 centímetros en plena acción. El caballo era muy bonito, seguía contando su madre, correteaba por los prados y ella era feliz porque no tenía miedo de caerse, sentía que nada malo podía pasarle encima de su precioso caballo. La escena terminó cuando Rambo eyaculó encima de las flores que le había traído a su madre, mientras esta miraba melancólicamente hacia la ventana, sus ojos cuajados en lágrimas fundiéndose con el perfil de su musculoso hijo postrado contra la mesita de noche.
Solo entonces Robert Iannakis gritó “corten”. Los escasos miembros del equipo de rodaje se miraron entre sí, sin saber qué hacer ni qué decir, mientras la chica encargada de continuidad se acercaba a un cariacotencido Rambo y gritaba a Robert: “¿y ahora qué?”.
Su madre se largó a los camerinos sin mediar palabra. Robert meditaba también en silencio apostado en su silla de director, mientras Rambo se subía los pantalones y se acercaba hacia él, su rostro la viva imagen del arrepentimiento.
- Lo siento, fue lo único que dijo cuando llegó a su lado.
- No pasa nada, tan sólo has hecho lo que mejor sabes hacer.
- No sé cómo ha podido pasar, quizás sea la costumbre, o quizás la actuación de ella ha sido tan buena que me he excitado.
- Puede ser, en cualquier caso no te preocupes, hemos seguido grabando
- ¿Cómo? ¿No has dejado de rodar? -Robert dice que no con la cabeza.- Supongo que la eliminarás de inmediato
- Por supuesto que no. Es la mejor escena que he rodado en toda mi vida, ¿por qué habría de hacerlo?
Los demás miembros del equipo lo miraban perplejos, para después pasar a mirarse entre sí, intentando dilucidar si se había vuelto loco o si, en cambio, todo aquello no era más que una broma. ¿Les estaba gastando una novatada? ¿Iba a utilizar de verdad para la película aquella escena?
- Quiero que borres la escena, dijo entonces Rambo en un tono francamente amenazante.
- No la voy a borrar, dijo Robert con una sonrisa.
A Rambo le impresionó aquella respuesta serena y sonriente más que una patada en los cojones.
De hecho, se zarandeó, algo KO, durante unos segundos, en los que pareció meditar otra vía.
- Bueno, no es tan sólo por mí- musitó dubitativo-; es por ella. Estoy seguro de que no va a permitir que la escena se utilice en la película.
- ¿Ella? No te preocupes por ella: tiene alzheimer. Dentro de cinco minutos no recordará absolutamente nada de esto.